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Críticas de Películas

No me gustó la película «Pobres criaturas», de Yorgos Lanthimos

No me gustó la película Pobres criaturas (Poor Things, 2023), de Yorgos Lanthimos. 

-¿Cómo no te gustó? Pero ganó Venecia! 

No me gustó. No me gustó nada. 

-¿Pero viste Lobster

No, no la vi y ahora no quiero verla. ¿Sus películas anteriores harían que yo comprendiera esta película? 

-Es que no entendiste la película: es una crítica al patriarcado. 

Como si las dos horas y media que dura esta tortura no alcanzaran para que yo comprendiera el talento y universo de este director que lobotomiza a Emma Stone y la somete a la mirada escopofílica de su creador- paródicamente llamado God- Williem Dafoe. Que  haya usado como una cita vacía y paródica a uno de los clásicos del cine fantástico como Frankenstein, es otra cosa que me da bastante alergia. God realiza toda una serie de experimentos con sus criaturas: las muchachas responden a sus órdenes. Pero el perverso no realiza su actividad para su propio placer, sino para el goce de otro. Es decir, God no trabaja para él, trabaja para La Ciencia (con mayúsculas) en nombre de la cual su padre lo sometió a él  a varias cirugías y experimentos, de la misma forma Emma actúa para God y luego para el resto de los hombres con los que se acuesta. “La posición del perverso está determinada entonces por la instrumentalización radical de su propia actividad”.  Es en esa instrumentalización que encuentra placer, en trabajar para el goce del otro. Pero tampoco es este mecanismo perverso lo que me molestó de la película. Tal vez sea algo en su falta de estructura: Dividir la película en capítulos con títulos de ciudades quizás no sea estructurar una mierda. … ¿O es que la perversión no necesita reglas?.  Sade sabía bien que la perversión necesita reglas. Hay un reglamento estricto para los 120 días de Sodoma, por ejemplo:  “A las 17hs se sirve el café-  A las 18hs les serán permitidas todas las lubricidades, excepto sin embargo aquellas que infrinjan el orden y los arreglos dispuestos para las desfloraciones, que no podrán ser variados”…

-Che, pero la idea es buena: va mostrando todo lo que desde niños vamos aprendiendo obligados por la sociedad. 

Entiendo. Una criatura es moldeada desde pequeña para adaptarse a una sociedad que la encorseta y la moldea- Lo que sostendría entonces toda la película es ese conflicto entre la cultura occidental y un supuesto estado de naturaleza instintiva primordial de los seres humanos que son en definitiva, animalitos corrompidos por la cultura. La literatura y el cine tienen al menos cien ejemplos de obras más interesantes que se meten un poco más sutilmente con este tema. Pero este no es mi problema con la película.  Tampoco lo es que el director tome una hipótesis usada y le agregue el condimento de género para cuestionar la determinación de los roles del hombre y la mujer en la sociedad capitalista. 

-Bueno pero ¿qué te molestó tanto? La estética de la peli es re linda! 

Sí, me exaspera que todo ese discurso de la deconstrucción esté expuesto en los diálogos, saliendo de la bellísima boca de Emma Stone como los eruptos- burbujas  que salen de Willem Dafoe mientras la película se encarga de utilizar todos y cada uno de los medios de los que dispone el lenguaje cinematográfico para someter al personaje femenino a la mirada masculina durante toda la película. Por más “estética surreal futurista” que me pongan de fondo. Volvamos a las bases: la vieja Laura Mulvey  en “Placer visual y cine narrativo”

– Oh no que viejo texto! 

Sí, viejo pero no vence.

“En un mundo ordenado por el desequilibrio sexual, el placer de mirar se ha escindido entre activo/masculino y pasivo/femenino. En su tradicional papel de objeto de la exhibición, las mujeres son contempladas y mostradas simultáneamente con una apariencia codificada para producir impacto visual y erótico…La mujer expuesta como objeto sexual es el leitmotiv del espectáculo erótico: desde las pinups hasta el striptease… ella significa el deseo masculino, soporta su mirada y actúa para él.”

– Bueno, pero eso está cuestionado en la película porque el personaje femenino, se rebela contra el deseo masculino, se vuelve prostituta para su propia emancipación.

Sí sí, pero no…. Pueden hacerle decir a Emma Stone lo que quieran, pueden ponerle feminismo en sus diálogos pero la puesta en escena no acompaña esta voluntad de la deconstrucción. (De paso: No vi Barbie. ¿La quiero ver? No sé). Tomemos cualquiera de las escenas donde el cuerpo de la actriz es sometido a la mirada determinante del varón que “proyecta su fantasía sobre la figura femenina, a la que talla a su medida y conveniencia”  ¿O van a decirme que disponer del cuerpo hegemónicamente terso y  blanco de Emma Stone convertida en una discapacitada mental- niña ingenua mezcla de lolita desprejuiciada, descubriendo su sexualidad no es una fantasía masculina? Los personajes masculinos, desde la diégesis aparecen controlando la fantasía de la película y además de tener ese poder, se vuelven doblemente poderosos en tanto son portadores de la mirada del espectador. En palabras de Mulvey “Consiguen trasladar la mirada del espectador más allá de la pantalla para neutralizar las tendencias extradiegéticas que representan la mujer en tanto que espectáculo”. Las tendencias extradiegéticas, dadas en este caso por la intención de los diálogos de Emma,  serían en este caso, potencialmente desestabilizadoras del sistema, según Mulvey.

-No entendés nada! Ella decide por voluntad propia emprender un viaje para descubrir el mundo y su sexualidad. 

I get it, sí, ¿pero no fracasa?. Todas las escenas de supuesto descubrimiento y placer sexual están contadas desde la puesta en escena de forma tal de neutralizar cualquier potencial revolucionario y desestabilizador del personaje femenino. Nuestra mirada como espectadores coincide con la mirada de God y el patético de Mark Ruffalo que disfruta con la ingenuidad infantil de un personaje construido para la calentura masculina. Por más de que el final de la película quiera hacernos creer lo contrario. 

Pero yo estoy acostumbrada a que la exhibición de la mujer funcione como objeto erótico para los personajes de la historia- y como objeto erótico para el público, entonces ¿por qué odié tanto la experiencia de ver esta película incluso sentada en super seats de una super cadena multipantalla?  Mi incomodidad es sobre todo Formal. Hay algo de la combinación de la puesta en escena y la intención de contrapunto de los diálogos en la película que no funciona. En el film, todo está expuesto, como en una carnicería. No parece haber otra cosa que el director quiera decirnos (o perdón-  no accedí a esa otra historia que el cine debiera siempre contarnos). No existe en la película ningún punto misterioso, sublime desde el cual la película nos mire. Solo estamos nosotros contemplando estúpidamente la imagen que nos revela todo. Un manifiesto envuelto en escenas surrealistas, el cuerpo de Emma cosificado, los textos. Todo a la parrilla. 

– “Bueno! Es una comedia, la gente se reía en el cine…

 Yo no me reí.  El efecto fue igual a la depresión que dejan las películas porno vistas en soledad. Zizek me explica por qué: la mirada cae en mí (yo ya no miro la película- la película me mira a mí).  Si la película revela todo lo que se propone revelar, y resulta pornográfica, no es porque el personaje femenino sea degradado a la condición de objeto de nuestro placer voyeurista sino porque nosotros espectadores terminamos ocupando ese lugar de “objeto”. Los sujetos reales, como en el porno, son los actores de la pantalla que tratan de excitarnos mientras nosotros espectadores somos reducidos a la condición de objeto- mirada paralizada.  Esta distinción entre visión del sujeto y la mirada del objeto también se la robé. Ahí explica muy claro que el cine pornográfico no nos devuelve la mirada, porque la imagen es uniforme, sin misterio, sin mancha. (Y la mancha- el punto ciego desde donde nos mira,  es la condición misma de la mirada) .

-Pero al final, ¿qué te molestó tanto? ¡Sos insosportable! 

Es que algo debe quedar sin decirse. Y ese es quizás la cosa: “La congruencia – la armonía entre el relato fílmico (el despliegue de la historia) y la exhibición pornográfica es estructuralmente imposible.” Es decir que para que haya cine debe haber fuera de campo. En la película de Yorgos no lo hay. O de nuevo, disculpas si no lo veo. Si no hay fuera de campo, no hay segunda historia, y si no hay segunda historia, no hay metáfora. Y sin metáfora ¿para qué habría cine?. Solo metonimias surrealistas, mitad- perros – mitad cerdos, la parte por el todo. La miseria espectacularizada desde la torre desde donde observa la protagonista. El Frankenstein por el padre. La criatura sin memoria por la mujer. La confusión, más de la confusión en la que hoy vivimos.  Y eso es para llorar.  ¿O no sabemos Yorgos, ya, que el mundo puede ser esta pesadilla infernal?

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