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Entrevista Mari Carmen y sus muñecos | Actualidad – Entrevista Secondmgn

Entrevista a Mari Carmen y sus muñecos

Entrevista Mari Carmen y sus muñecos. La humorista, que acaba de cumplir ochenta años, accede a repasar su biografía y extensa trayectoria

¿Qué fue de Mari Carmen y sus muñecos? La humorista nos lo cuenta, ahora que ha cumplido 80 años. Así es su vida, en sus propias palabras

La frase que considera debe ser el titular no es suya, pero es la razón por la que María del Carmen Martínez Villaseñor Barrasa (Cuenca, 1943), popularmente conocida como Mari Carmen y sus muñecos, cree no tener un merecido espacio televisivo. Acaba de cumplir ochenta años y lleva “en el ruedo” desde los dieciocho. Acompañada fielmente por Daisy, Nicol, Rodolfo y su inseparable Doña Rogelia, la humorista es viva historia de nuestras pantallas y, por eso, merece un honroso reconocimiento a su trayectoria. Fue testigo de la consolidación y la etapa de oro de la televisión, cuando aún era de calidad. “No entiendo lo que le ha pasado a la televisión. Ya no hay nada para niños ni teatro ni nada. ¿Dónde está ‘Estudio 1’? La categoría… ¿dónde está?”, reivindica la conquense.

Entre los muchos espacios que condujo y participó, destaca el que dirigió entre los años 1992 y 1994 junto a sus niños (como Mari Carmen llama a los que, para nosotros, son sus muñecos): ‘Ay, vida mía’, un programa de variedades donde se hacía humor, entrevistas y música. “Llevé a los mejores humoristas y cantantes. Vinieron José Luis Perales, Julio Iglesias, Norma Duval… muchos”, presume. “Alcanzamos el 42% de audiencia. Superamos al telediario, pero se acabó el contrato y dijeron adiós al formato. ¿Por qué programas así no se mantienen? En Estados Unidos, Johnny Carson y Ed Sullivan estuvieron cuarenta años en pantalla. Si un formato funciona, se mantiene y aquí lo quitan. ¡Es acojonante!”, manifiesta.

Cuanto menos curioso es el fugaz paso de Mari Carmen, con sus muñecos, por la gran pantalla. “Aquí en España sólo he hecho una película. Mi paso por el cine fue muy divertido”, recuerda. Se refiere a ‘La graduada’ de Mariano Ozores, donde se relacionaba con una poco avispada Lina Morgan que llegaba a la capital con ansias de encontrar una estabilidad sentimental. Casi cincuenta años después, la popular comediante adelanta que se encuentra inmersa en su regreso al cine con “¡un peliculón!”. “Está terminada hace varios años. Un proyecto muy ambicioso, que mezcla dibujos animados con personajes reales. Nos sitúa, a mí y a los muñecos, en un país futurista, tipo ‘Matrix’, donde está prohibido reír”, cuenta la intérprete. Además de eso, y con la esperanza de algún día poder hacer una comedia musical, la inseparable de Doña Rogelia se encuentra escribiendo su cuarto libro. Está vez, sus memorias.

Mari Carmen, estás inmersa en la escritura de tu cuarto libro con tintes biográficos. ¿Una vida, la tuya, que merece ser contada?

Creo que sí. Según mis mejores y más íntimos amigos, los que me conocen, mi vida puede interesar, y mucho. Contaré cosas absolutamente desconocidas para mi gente, para mi público, fans de años y años, que van a gustar, estoy segura. Adelanto que habrá sonrisas y lágrimas, porque yo cuento la verdad, no tengo nada que ocultar. No sólo van a ser cosas divertidas, que las hay, muy divertidas, también me han pasado otro tipo de cosas que merecen ser contadas.

¿Siempre te ha gustado escribir?

A rachas y siempre he escrito cosas muy diversas. Todos los guiones que, a lo largo de mi vida, habéis disfrutado han sido siempre míos. Una vez, recuerdo que tenía un contrato en Radio Caracas Televisión en Venezuela, de la mano de Renny Ottolina, el mejor showman y comunicador venezolano por excelencia.

Venezuela fue uno de los países donde más éxito tuviste, ¿verdad?

Muchísimo. Fui más de cinco veces. Me entristece tanto ver imágenes de cómo está ahora. Cada vez que veo el telediario lloro. Incluso el presidente envió un telegrama a Renny donde pedía que, por favor, me diesen un programa propio y me quedase [risas]. Para ir a uno de sus programas, se me ocurrió llamar a un amigo guionista para que escribiera. Hasta entonces, nadie me había escrito nada. No por nada, sino porque no encontraba a nadie. Mira, he tenido que escribir porque no me ha quedado más remedio. Me hicieron unos guiones muy buenos, me los llevé a Caracas y, cuando fui a grabar, nada más empezar, me dijo Renny: “Eso no es tuyo”. Me quedé petrificada. Le dije que, efectivamente, eran de un amigo y él me contestó: “No, eso no lo hagas. Di lo tuyo”. Y claro, tuve que improvisar un guion rápidamente.

¿A ti te ha gustado improvisar?

Yo me he distinguido siempre por la improvisación. Adoro improvisar, porque si no me aburro y yo también trabajo para mí. Es decir, si yo me rio o me equivoco, que además la gente lo nota, me tienen que corregir. O Doña Rogelia o Nicol [habla Nicol]: “Que no viene eso ahora María, que ese es otro trozo del guion. Ahora me tienes que preguntar si tengo novia” [risas]. Ahí la gente, como recibe que eso es verdad, se ríe y se lo pasa en grande.

Mari Carmen con sus muñecos Nicol, Daisy, Rodolfo y Doña Rogelia.
Entrevista a Mari Carmen y sus muñecos

Mari Carmen, ¿cómo se lleva a cabo la profesión del ventrílocuo? ¿Cómo se hace?

Déjame aclararte que yo no hago ventriloquía, desde hace mucho. Yo me he inventado una forma diferente de hacer la profesión, un nuevo hacer. Soy una cronista de la actualidad, en clave de humor y bastante crítica; humorista; y actriz, porque interpreto a cinco personajes. En cuestión de segundos yo cambio de personalidad, porque yo soy Mari Carmen, pero en el escenario soy un personaje, más después los cuatro muñecos. Cada uno tiene sus voces, sus expresiones, sus características… Entonces, lo que hago es poner en su voz, que es la mía [risas], los temas del día a día, de todo tipo de índoles, con bases humorísticas que nunca fallan y que son los ejes de cada guion. Habitualmente, llevo alrededor de un 15% de intervenciones efectivas y muchísimos diálogos, casi el 50%, que es improvisado.

Es decir: la ventriloquía ha pasado a un segundo plano.

Exacto, digamos que ha dejado de ser importante, en cuanto a la técnica: la voz de arriba, la de abajo… Antes lo hacía así y era horrible porque me ahogaba [risas]. Por eso, cuando estoy en directo, hay momentos en los que muevo tanto la boca que, alguna vez me lo ha tenido que advertir Doña Rogelia [habla Doña Rogelia]: “Hermosa, mueve usted la boca más cuando me hace la voz a mí que cuando hace la suya” [risas].

Llegó un momento en el que los personajes fueron mucho más importantes que yo. Es decir, para mí es mucho más importante el Quijote que Cervantes. Modestamente, yo soy Cervantes y los niños, el Quijote. Ellos son los interesantes, los que acaparan la atención del público, porque a mí ni se me ve. Me ha pasado entrevistar a muchas personalidades y darme cuenta de que yo no existo. Pero no importa. Todo eso se hace por el público, porque se divierta y también piense. Que eso lo dice Doña Rogelia [habla Doña Rogelia]: “Yo lo que digo no tiene mensaje, pero tiene recado” [risas].

Para esta forma tan particular de ejercer tu profesión, ¿dónde y cómo te nutres? Porque tu oficio está falto de referentes.

De la calle, del día a día. A mí la gente me inspira. Yo salgo y oigo, es fundamental. También leo mucho y estoy informada de todo. Tiro mucho de lo real. Cuando fui la primera vez a México, donde tuve un programa de muchísimo éxito, ‘Hoy Mari Carmen’ se llamaba; una semana antes de empezar, me fui a la capital y me cogí no sé cuántos autobuses para ver cómo hablaba la gente, tomé notas y todo, para que el oído se me hiciese a los modismos y al sentido del humor mexicano. En definitiva, para prepararme, porque el humor de allí nada tenía que ver con el español. Eso sí, tienen un fantástico sentido del humor. A mí me tuvieron que empujar en una ocasión, porque no podía salir del ataque de risa que me entró, fue tremendo [risas].

Supongo que tus personajes también nacerían así, de lo real.

También. Si te fijas, cada uno de mis niños representa un carácter definido, son una viva representación del ser humano. Me lo hice ver una buena amiga mía, muy inteligente, me lo dijo un día: “¿Tú te das cuenta de que cada personaje tuyo responde a un modelo, según los griegos, de caracteres del ser humano?”.

Precisamente, en relación con este tema, te quería leer una crítica que alguien hizo de tu trabajo. A ver qué te parece: “La gente se ríe con Mari Carmen porque sus muñecos son los representantes de casi todos, y a través de ellos se ríe un poco de sí mismo”.

¡Me encanta! Me parece una frase corta y certera. Aun así, me gustaría añadir a eso tan buena, que además lo tengo comprobado, es que cada admirador mío tiene su personaje preferido. Para los chavales de entre 10 y 18 años es Nicol: el chulo, el que lo sabe todo, el conquistador… A los adolescentes y a las niñas les gusta Daisy. Es la rebelde, la inconformista, la gamberra… Porque su lema es: huelga sí, clase no. Los gays, que siempre han estado en la sombra hasta que yo rompí una lanza por ellos, adoran a Rodolfo. Y, por último, a la gente en general, porque es universal, y a los mayores en particular, son de Doña Rogelia. Cada uno elige a su personaje y, además, se siente identificado con ellos.

Entrevista Mari Carmen y Doña Rogelia.
Entrevista a Mari Carmen y sus muñecos

Mari Carmen, ¿por qué ya no hay espacio para ti en televisión? O, al menos, ¿por qué tu profesión no ha tenido un relevo generacional?

La respuesta esta pregunta me la dio, hace poco, mi amigo Pedro Ruíz: “Los humoristas ya no tenemos espacios en televisión porque el sistema piensa, y los que mueven los hilos piensan, y deciden que los que hacemos pensar molestamos”. Es tremendo. Ya no hay espacio para los de la “vieja guardia”, los que llevamos haciendo humor toda la vida. Tampoco existe ya el humor universal, ese que ha funcionado siempre. Una pena.

Entiendo que hay vida más allá de la televisión. Has podido dedicarte a hacer muchísimos espectáculos en directo. ¿Cómo ha sido esa otra faceta?

Cuando estaba en plena vorágine televisiva e hice programas de éxito como ‘Un, dos, tres’ o ‘Ay vida mía’, se ampliaron las galas, obviamente. ¡Cuántos ayuntamientos me habrán contratado y con cuántos artistas habré compartido escenario! Con nombres de la talla de Julio Iglesias, llenando ciudades y pueblos, y con gran éxito. Pero, también es verdad que se me quedó una frase de, hace cincuenta años, de un escritor francés: “La televisión mata lo que ignora”. Efectivamente, dependemos mucho de la pequeña pantalla. He tenido mucho trabajo fuera de ella, desde los dieciocho años en marcha te podrás imaginar, pero soy consciente de que, mucho, ha sido gracias a la televisión.

Leí una frase tuya que me fascinó: “El gran pecado del hombre es el olvido”. En España hay muchas estrellas que no son lo suficientemente reivindicadas.

No es mía, sino que la dice el mago Merlín en ‘Excalibur’. Es muy injusto el trato a los artistas en este país. Hay estrellas españolas internacionales que no se mencionan para nada. Cuando yo estuve en Estados Unidos, que he estado varias veces, coincidió con la muerte de Frank Sinatra y en Las Vegas no paraba de sonar su música. En la tumba de Elvis Presley, hasta la fecha, jamás faltan rosas blancas frescas.

¿Crees que si fueses estadounidense estarías más reconocida?

Pues si hubiera dado el paso, que estuve a punto de hacerlo cuando Julio Iglesias me dijo: “Mari Carmen, ¿qué haces aquí? ¿No ves que yo me he ido?”. Si aquí ganaba diez millones, en Estados Unidos hubiese podido multiplicarlo por diez. “¡Vete ya!”, me decía. Pero ahora, con la mano el corazón, dime. ¿Tú crees que con lo que yo hago, que es único porque no lo hace nadie, no tendría ahora un programa propio en Estados Unidos? Ya te digo yo que no me hubieran dejado escapar nunca. Así que sí, estoy en el olvido, pero no es por el pueblo, que no es el que te olvida, sino por los que manejan los hilos.

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