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Críticas de Películas

Crítica de «Las ventajas de ser invisible»: Stephen Chbosky y un amor invisible

domingo 11 de febrero de 2024

Es el año 1990 y Charlie (Logan Lerman) ingresa a la secundaria en una escuela nueva para él. Es su primer año y como tal, tiene que pasar las penurias de ser el nuevo. Es muy tímido y por eso no tiene amigos. Además, debe soportar que algunos lo traten con hostilidad por verlo también como el raro. Y no puede conectarse con otros chicos porque su mejor amigo se ha suicidado y Charlie ha quedado impactado, tanto que escribe cartas a ese amigo muerto.

Entonces toda la película se organiza con la voz en off de Charlie que escribe las cartas. Y ahí cuenta sobre su vida solitaria y su relación con sus padres, hermanos, profesores y de sus primeros días en la secundaria hasta que conoce a Sam (Emma Watson) y a Patrick (Ezra Miller), dos hermanos que están en su último año y que se están preparando para postular a la Universidad. Ambos romperán con la vida apaciguada de Charlie quien, a pesar de las diferencias de edad, se enamora de Sam.

Sin embargo, todos (sobre todo Charlie) esconden secretos y trastornos psicológicos que poco a poco irán aflorando. Es interesante como la película se llena de ese aire literario, producido por el punto de vista siempre en Charlie, y aún cuando la película entra en tópicos como las drogas, fiesta, descontrol, baile de graduación, juego del amigo invisible; nunca pierde al protagonista y su percepción del entorno. Incluso muchos puntos de giro del guión en lugar de solucionarse como sucede en las comedias románticas, cambian de manera opuesta hacia el drama.

Igualmente, se presentan temas polémicos que son tocados de manera sutil. Aunque no todo es trágico: hay mucho humor y sentimentalismo en el trío de Charlie con Sam y Patrick que se llevan la película por delante, sobre todo con una gran escena en que los tres viajan en una camioneta por un túnel en medio de la noche. Y a pesar de sus problemas se tiene compasión por ellos.

Precisamente un evento de su niñez hace que Charlie mezcle imágenes entre recuerdo y sueño -donde la realidad se enrarece- pero sin perder ritmo ni agilidad. Y es sorprendente la conexión que se genera entre Charlie y Sam: lo que ambos experimentan solo puede catalogarse como un amor invisible y literario. Una película muy viva en cuyo final se tiene la sensación de dejar épocas de juventud que, si bien son dramáticas, llenas de amor y de felicidad, siempre se terminan.

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