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Celebridades

“Cobra Kai”, la popular serie karateka que pega fuerte en Netflix – Entrevista Secondmgn

Que una serie despierte un fanatismo similar en distintas generaciones es un fenómeno que ocurre con poca frecuencia, y Cobra Kai es uno de esos casos. La ficción heredera de la trilogía de películas de la década de 1980 Karate Kid reúne temporada a temporada a niños, adolescentes y adultos frente a Netflix. Ya sea por la sorpresa de los más chicos, o por la nostalgia de los más grandes, la historia karateka protagonizada por Daniel LaRusso y Johnny Lawrence trasciende los límites temporales.

En el marco del estreno de la quinta parte de Cobra Kai, EscribiendoCine dialogó con Mariano Oliveros (analista de marketing y mercado cinematográfico) acerca del éxito de la serie y con Sergio Ernesto Miyagi (periodista, prensa de Kyudokan Argentina y del Jardín Japonés) sobre la repercusión de la ficción en el interés de la gente por el karate y la cultura oriental en Argentina.

EL PASADO NO SE OLVIDA
Para quienes creían que el conflicto entre Daniel LaRusso (Ralph Macchio) y Johnny Lawrence (William Zabka) había culminado en el Campeonato de All Valley de 1984, representado en Karate Kid, estaban equivocados. Al igual que quienes creían que la historia había finalizado en la trilogía cinematográfica karateka. Es que, tres décadas después de la competencia, los personajes no solo se reencuentran en el relato de la serie secuela Cobra Kai, sino que, además, enfrentan sus demonios del pasado y resuelven las frustraciones del presente por medio de la disciplina y filosofía de vida.

Asimismo, adolescentes como Miguel Díaz (Xolo Maridueña), Samantha LaRusso (Mary Mouser), Robby Keene (Tanner Buchanan) y Tory Nichols (Peyton List)  incursionan en el área y atraviesan diversas vicisitudes, transitando por diferentes dojos y absorbiendo las enseñanzas brindadas por sus senséis.

La quinta temporada, que acaba de debutar en Netflix, comienza tras los sorprendentes resultados del Campeonato de Kárate de All Valley, con el antagonista Terry Silver (Thomas Ian Griffith) empeñado en expandir el emporio Cobra Kai e intentando imponer su estilo de karate en la ciudad. El rígido Kreese (Martin Kove) está entre rejas y Johnny Lawrence ha dejado el karate para centrarse en reparar todo el daño que ha provocado. Por su parte, a Daniel LaRusso no le queda otra que recurrir a una antigua amistad.

UN FENÓMENO MÁS ALLÁ DE LAS PANTALLAS
El analista de marketing y mercado cinematográfico, Mariano Oliveros, destacó que Cobra Kai es una de las primeras legacy sequel, es decir, secuela de legado, que mezcló a diferentes generaciones. Por lo tanto, en la continuación audiovisual no solo regresaron los personajes protagónicos de Karate Kid sino que, a su vez, se introdujeron otros para atraer a los espectadores más jóvenes.

“Ya los cimientos de la serie habían tenido un muy buen ‘boca en boca’, algo muy raro que ocurra con estas legacy sequel, ya que, en general, intentan denigrar o solamente utilizar cameos de los personajes de las historias originales, porque les interesa presentar a los nuevos. Cobra Kai siempre se enfocó en el conflicto entre Daniel LaRusso y Johnny Lawrence, por lo que, si bien iba variando un poco y se iba expandiendo el universo con sus hijos y los demás adolescentes, nunca dejaba de ser central el problema entre los dos protagonistas de Karate Kid, y eso no era una mera excusa para meter a los nuevos papeles, que es lo que hoyen día se les critica a muchas legacy sequel”, explicó.

Aunque muchos espectadores conocieron la serie en Netflix -sus últimas temporadas fueron realizadas por dicha plataforma de streaming-, las dos primeras fueron estrenadas en YouTube Red/Premium. En cuanto a la variación entre la presencia de la ficción en un espacio u otro, Oliveros consideró que el sitio de la «N roja»; ya está instalado en el imaginario de personas de diferentes generaciones como un lugar para ver películas y series, mientras que, el otro puede incluirlas, pero no es su tipo de contenido principal, debido a que allí predominan los videos de corta duración y de múltiples índoles.

Por otro lado, un posible interrogante en torno a Cobra Kai es el motivo por el que se presentó en formato serie y no de película, como sí lo fue Karate Kid. El analista de marketing y mercado cinematográfico señaló: “El formato serie, por más ambicioso que sea, siempre cuesta menos que la realización y la distribución de una película. A diferencia de Argentina, donde la televisión tiene un costo mayor que el de un film. Por ejemplo, en una charla Bruno Stagnaro contó que cada capítulo de Un gallo para Esculapio salía 90 mil dólares, mientras que una película nacional de costo medio implicaba 300 mil dólares. Ese no es el caso de las series extranjeras, salvo que estemos hablando de Game of Thrones, o algo por el estilo. Hacer un film de Cobra Kai seguramente saldría el doble de lo que sale hacer la temporada entera”.

Y, a continuación, agregó: “El negocio de las plataformas son las series. Cuando uno tenía un televisor con cable, no se daba de baja porque había perdido interés en el contenido, si lo hacía era cuando se mudaba. Ahora, con las plataformas no ocurre eso, ya que hay gente que se asocia a ellas para ver un contenido específico y después se desuscribe. Entonces el negocio para las plataformas es estrenar series, o sus capítulos, a lo largo del tiempo. Si hay un público cautivo, que es lo que les importa, van a hacer lo posible para mantener circulando la rueda y seguir generando historias a través de eso, algo que con una película es muy difícil, porque para dar luz verde a una secuela cinematográfica tiene que cerrar por un montón de aspectos diferentes, y quizás pasan tres o cuatro años hasta concretarse”.

EL IMPACTO DEL KARATE EN ARGENTINA

Cuando el contenido de una serie o película trasciende la pantalla se puede observar a través de diversas manifestaciones, por ejemplo, cuando los espectadores trasladan conceptos o frases presentes en los relatos a sus diálogos cotidianos, o cuando sienten interés en alguna disciplina o moda desarrollada en la ficción, entre tantas otras repercusiones. Sergio Ernesto Miyagi, que ejerció el karate desde su infancia hasta la adultez y es hijo del Sensei Takeshi Miyagi -uno de los referentes mundiales-, consideró que Karate Kid generó un gran impacto en el conocimiento y en el vínculo de los argentinos con dicha disciplina y filosofía de vida.

“No fue por la técnica de los protagonistas, sino por la enseñanza del karate, por lo que es la filosofía de no atacar y siempre defenderse. Aunque, cuando otra alternativa no queda, hay que usarlo, por eso mi papá siempre me inculcó que con eso no se jode, no se debe utilizar jamás, salvo que se torne una situación inevitable, que dañe el cuerpo de uno, porque uno sabe los puntos para lastimar y matar”, aclaró.

Y, luego, agregó: “El valor fundamental del karate es la fortaleza de la mente, el espíritu y el cuerpo, más allá de tener un acondicionamiento físico. Si uno tiene un buen maestro, va a ser un buen karateka y persona, mientras que, si tiene una mala influencia, va a ser todo lo contrario. Creo que los conceptos principales del karate son: la defensa, primar la paz ante la violencia, cuidado y solidaridad con los compañeros, y paciencia”.

Asimismo, contó que hay dos tipos: por un lado, el karate tradicional y, por otro, el competitivo. Si bien en el pasado los incluidos en el primer grupo se jactaban de ser tradicionales y no competir, porque para ellos hacerlo en un torneo era un juego, mientras que el karate es una filosofía de vida, hoy se están abriendo y haciendo la doble fase. “Creo que la popularidad del karate en el país ha bajado, pero, ahora, con Cobra Kai, seguramente ha tenido una nueva subida. Es una linda propuesta, le han encontrado la vuelta para que todos los fans de las artes marciales sigan pendientes”, destacó.

Para Sergio el karate es el mejor arte marcial porque proporciona equilibrio entre manos y pies y, a su vez, seguridad. A modo de flashback, recordó una anécdota personal sobre el cuidado y el respeto a la disciplina: “Una vez, cuando tenía 17 años, fui con mis compañeros a un boliche en Belgrano y rebotamos con los patovicas, que nos habían tratado mal. Yo tuve la mala fortuna de querer enfrentar a uno de ellos, por la situación de injusticia con un amigo mío, y volví muy lastimado a casa. Cuando mi papá me vio así me empezó a pegar patadas diciéndome que el karate no se utiliza para agarrarse a las trompadas, aunque hice bien en cierto sentido, en no pelearme. Yo sabía que si entraba con algún puño en algún punto que mi papá me había enseñado podía dañar realmente”.

UN VIAJE A JAPÓN DESDE BUENOS AIRES

Muchos de los elementos de la cultura oriental referidos en Cobra Kai, y previamente en Karate Kid, pueden encontrarse en el Jardín Japonés, ubicado en Avenida Casares 3.450, dentro del Parque 3 de Febrero de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Su inauguración fue el 17 de mayo de 1967, con la proyección y la construcción de la colectividad japonesa, para luego ser donado por intermedio de   la Embajada del Japón, a la Municipalidad de Buenos Aires, en agradecimiento al pueblo argentino por ser el país que le abrió sus brazos en tiempos de inmigración.

“Los valores del Jardín Japonés son: cuidar el lugar histórico, cuidar el medio ambiente, y difundir cultura, arte culinario y deporte de Japón. Se trata de cuidar este lugar histórico de la ciudad, es un pequeño Japón en Argentina, por lo que tenemos esa responsabilidad todos los días de nuestras vidas”, concluyó Miyagi, que se desempeña en el área de prensa del espacio.

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