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Análisis de Los Amos del Aire. Miniserie. Episodio 3

Continuamos analizando Los Amos del Aire que, producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, retrata el fragor de la lucha aérea sobre Europa y el sentir de los hombres en la misma implicados durante los eventos de la Segunda Guerra Mundial. La miniserie es emitida semanalmente por Apple TV+.

Hola otra vez. Aquí estamos para analizar el tercer episodio de Los Amos del Aire, miniserie que, creada por John Shiban y John Orloff con producción de Steven Spielberg y Tom Hanks, retoma la crudeza y padecimientos de la Segunda Guerra Mundial, pero tomando en este caso como escenario el espacio aéreo y como protagonistas a los hombres del 100° Grupo de Bombardeo que, debido al gran número de bajas sufridas, pasaría a los anales de la historia militar como el “sangriento centésimo”.

Un episodio impresionante desde lo técnico y también en el grado de impacto, pues está claro que, al igual que sus antecesoras Hermanos de Sangre y The Pacific, Los Amos del Aire no da concesiones y que, más allá de que la lucha en el aire imponga por propia definición un menor grado de crudeza que la que se da en tierra o en el mar, cualquiera puede morir en cualquier momento y, debido a la inmediatez inherente, quizás más todavía.

El capítulo se titula simplemente Parte 3 y pasamos ya mismo a analizarlo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden echar ojo aquí a nuestro análisis de los dos primeros.

Escuadrón de Cola

El coronel Harding (James Murray) anuncia una misión que será la de mayor envergadura en la historia de la aviación. Justo en el aniversario de la que fuera la primera acción aérea estadounidense sobre Europa con unos pocos B-17, participarán esta vez varios escuadrones completos haciendo un total de trescientos setenta y seis bombarderos.

El objetivo es debilitar la producción alemana de aviones ME-109 y para eso deben destruir fábricas de rodamientos esenciales para los mismos. La operación constará de tres etapas, distrayendo un primer grupo a las defensas alemanas para que otros dos grupos de escuadrones puedan penetrar más profundamente en Alemania y alcanzar con éxito sus objetivos. Una vez hecho ello y en lugar de regresar a Inglaterra, como los alemanes esperan que hagan, se desviarán hacia África en lo que, en tono de broma, se promociona como “vacaciones”.

Hay, sin embargo, un par de noticias no tan buenas para el “sangriento centésimo”. La primera es que serán cola de la operación y, por lo tanto, los más expuestos. La segunda afecta personalmente a Gale Cleven, quien recibe la novedad de que volará como comandante de reserva. Al preguntar a su amigo John Egan por el significado de ello, este no tiene la menor idea…

El Infierno en el Cielo

Como es ya costumbre, las condiciones meteorológicas complican todo. Llegados día y hora pautados, una espesa niebla se cierne sobre la pista y en medio de ella, en gran paradoja, un sacerdote está bendiciendo lo que será una misión de guerra.

Pero los altos mandos han decidido sorpresivamente que el tercer grupo de aviones parta finalmente en soledad mientras los otros esperan condiciones favorables, lo cual deja prácticamente al Centésimo a la buena de Dios… o del diablo, tal como reflexiona Harding cuando dice “los estamos mandando al infierno”. No se entiende el porqué de la decisión cuando al exponer el plan se había hecho especial hincapié en la acción coordinada: por el contrario, el 100 será ahora cola y, sin apoyo alguno, también cabeza de la misión…

La batalla, en efecto, es dramática y de intenso realismo, pura angustia y claustrofobia mientras el infierno se desata en el aire. La artillería antiaérea de los alemanes destruye varios aviones y otros tantos son abatidos por sus escuadrones.

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Se viven momenos desgarradores: en su caída al vacío, un cuerpo aún con vida golpea el fuselaje de la aeronave de Gale, en tanto que en otro avión un artillero queda atrapado en la torreta mientras la aeronave se incendia y va a estallar de un momento a otro: hay aquí un guiño de Spielberg a sí mismo, pero ya volveremos sobre ello.

El artillero, al que sus compañeros apodan “Baby Face”, ruega por ayuda mientras ellos se lanzan en paracaídas y su súplica queda vanamente resonando en los oídos del último en hacerlo: el sargento William Quinn (Kai Alexander) que, con todo el dolor del mundo y sin poder hacer nada, no tiene más remedio que saltar y abandonar a su amigo.

El avión de Curt no lo pasa mejor: ha sido seriamente dañado y el copiloto herido al punto de, por un momento, creerle muerto. Los tripulantes saltan a tierra, pero Curt se niega al descubrir que el hombre sigue vivo. Se propone, como alguna vez hiciera en Escocia, realizar un aterrizaje de emergencia, pero esta vez no tiene tanta suerte y, para nuestro estupor, el avión golpea las copas de los árboles y se estrella contra el suelo en un estallido de fuego del que difícilmente pueda pensarse que haya sobrevivientes. Todo indica que la andadura de Barry Keoghan en la serie ha terminado: lástima…

En cuanto a Quinn, ha caído en Bélgica, lo que equivale a decir territorio ocupado por el enemigo. Llega a una granja y una muchacha se asusta al verlo, pero la tranquiliza con que es americano. Un grupo de partisanos le sale al encuentro y dicen poder ayudarlo a llegar a Inglaterra, pero dejándole claro que eso implica para él una seria disyuntiva: si se entrega a los alemanes, es posible que acabe sobreviviendo en caso de que estos respeten las Convenciones de Ginebra, pero si en cambio intenta escapar y le aprehenden, le ejecutarán por espía…

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África

Los aviones que aún quedan en el aire son pocos, pero alcanzan a arrojar las bombas sobre la fábrica de Ratisbona y, destruida la misma, poner rumbo a África conforme al plan establecido. Pero la batalla les ha hecho dura mella y uno de ellos debe descender en pleno Mediterráneo a quinientos kilómetros de la costa africana sin que sepamos si sus ocupantes serán rescatados o simplemente perecerán ahogados.

El avión de Gale está también en serios problemas por haber recibido impacto en uno de los motores y tanque de combustible, con consecuente pérdida del mismo. Llegar a África en esas condiciones está difícil, por lo que da orden de aligerar peso arrojando al mar todo lo que no esté atornillado. Gracias a ello, logran finalmente posarse en el desierto junto a los pocos aviones sobrevivientes y tener un feliz reencuentro con John.

Han logrado su objetivo, pero el precio pagado es alto y quizás no terminen aún de dimensionar cuánto, pues nos causa tristeza oírlos especular con que Curt pueda quizás haberse otra vez salvado como lo hiciera antes. Sabemos que no…

Balance del Episodio

Sacando algunas cuestiones menores, hemos visto un tremendo episodio y me atrevería a decir que jamás he visto una batalla aérea de este tenor en serie alguna. La factura técnica y el dramatismo han sido de un nivel inusitado (y la banda sonora ha acompañado en grande), lo mismo que la desesperante situación de claustrofobia, pues la mayor parte de la trama se resuelve en espacios pequeños más allá de que el escenario de lucha sea el vasto cielo.

Con lo de cuestiones menores, me refiero puntualmente a algo que ya fue señalado en el episodio anterior y es que la cantidad de personajes conspira contra nuestro buen conocimiento de los mismos y, como tal, hace que tampoco nos generen el suficiente impacto emocional sus muertes, como la de “Baby Face”. Pero voy a confesar algo que es una gran paradoja y es que la suya fue tan desgarradora que en lo personal termino por agradecer no haberle conocido más…

Hay en esa escena referencia clara a otra serie producida por Steven Spielberg que es Cuentos Asombrosos, más específicamente al quinto episodio de la primera temporada que, titulado La Misión, fuera emitido en 1985 e integrara incluso la película que, editada a partir de tres capítulos de la serie, fuera lanzada para televisión y VHS.

Allí, precisamente, un artillero quedaba atrapado en la torreta de un bombardero, sitio que, por cierto, solía ser uno de los más peligrosos del avión por la exposición y porque, debido al reducidísimo espacio, quien viajaba allí lo hacía sin paracaídas. De hecho, recuerdo que en aquel episodio sus compañeros intentaban pasarle uno por una pequeña grieta, pero acababa rasgándose. Y relacionándolo con lo que aquí hemos visto, allí estaría la causa por la cual Baby Face no puede simplemente romper el cristal y lanzarse.

Pero volviendo al episodio de Cuentos Asombrosos, el problema del avión (comandado por un tal Kevin Costner) no era que estuviese incendiándose sino que había perdido el tren de aterrizaje, lo cual significaba que el artillero moriría aplastado apenas la aeronave tocara tierra. No voy a contar cómo terminaba porque quizás no hayan visto esa entrega y lo hagan algún día, pero tenía un final mucho más feliz, además de fantástico. “Baby Face” no tuvo tanta suerte (quizás por no saber dibujar) y aun cuando le conociéramos muy poco, su muerte fue un momento desgarrador…

Como también la de Curt, a quien sí conocíamos ya lo suficiente para sentir cariño y empatía. El estallido en llamas ni siquiera nos da chance de reaccionar: como decíamos en el análisis anterior, a bordo de un avión todo es mucho más fugaz y la muerte llega de manera prácticamente instantánea y sin tiempo de despedir a nadie. No sé qué es peor…

Pero lo que sí nos entristece sobremanera es ver y oír a sus compañeros esperanzados de que pueda haber otra vez conseguido un aterrizaje de emergencia: pocas cosas tan angustiantes como conocer de antemano la noticia que ellos no.

Y también nos produce tristeza haber perdido tan pronto a Barry Keoghan para la serie, pero hay que tener en cuenta que la misma busca ceñirse a la realidad histórica y los fríos datos nos dicen que así como es cierto que Curtis Biddick (Curt) logró aterrizar un avión de emergencia en Aberdeen, Escocia, también lo es que perdió la vida al estrellarse menos de un mes después al norte de Regensburg, Alemania.

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La suerte del sargento Quinn es una de las cuestiones que quedan sin resolverse y que al parecer devendrá en subtrama, pero que también tiene históricamente un cierre que no revelaré porque la serie aún no lo ha hecho. Y lo mismo vale para los tripulantes del Pregnant Portia, tal el nombre del bombardero que, en viaje a África, debió amerizar de emergencia en el Mediterráneo.

Pero más allá de cuestiones históricas, hemos visto un episodio en el cual han tenido papel central las decisiones o, mejor dicho, las disyuntivas con los conflictos éticos que conllevan. La de Quinn es doble: primero debe elegir saltar y abandonar a su amigo porque la alternativa es que mueran los dos (algo que posiblemente le acarree culpa de sobreviviente en próximas entregas); después debe optar entre salvar su vida entregándose a los alemanes o, por el contrario, escapar hacia Inglaterra con riesgo de ejecución, cosa que aún no ha hecho.

La decisión de Curt es también fuerte y, de algún modo, opuesta la de Quinn, pues también él tiene la posibilidad de saltar del avión y de hecho así lo conminan a hacerlo sus compañeros, pero decide por el contrario y a riesgo de su vida, permanecer a bordo y pilotar la aeronave para tratar de salvar también la de su copiloto, por su estado imposibilitado de saltar. Y Curt pagó con su vida la desinteresada opción que eligió…

Gale es otro que debe tomar una decisión crucial, aunque en su caso las alternativas casi no existen: aligerar el peso del avión aun a costa de importante material bélico para dar así una chance de que tanto él como sus hombres logren llegar a salvo a las costas africanas.

Y siguiendo con lo de las opciones, no hay que olvidar que los propios integrantes del 100° dicen en un momento sentirse en el Purgatorio y tener por delante los caminos del Valhalla y el Infierno, interesante mezcla de referencias religiosas que se contrapone con la homilía del sacerdote en la niebla momentos antes. Inclusive se hace referencia al famoso acertijo del guardia que dice siempre la verdad y el que dice siempre la mentira…

En definitiva, hemos visto un inmenso episodio que, rompiendo con el ritmo a fuego lento que venían trayendo los dos anteriores, nos arroja de cabeza a la lucha en el aire. Hay claustrofobia, angustia, vértigo y una tensión que recorre prácticamente todo el capítulo, pues siempre hay alguien que puede morir de un momento a otro. Sacando el hecho de que transcurra básicamente en el aire y no en tres escenarios diferentes, me trajo recuerdos del filme Dunkerque (aquí nuestra crítica).

A ver qué nos trae la próxima entrega de una serie que, por fortuna, parece ir de menor a mayor: ojalá confirme el rumbo. Hasta la próxima y sean felices…

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